La increíble consagración del croata Goran Ivanisevic en Wimbledon de 2001, aún es recordada por el mundo del tenis.
Más de una vez deben haber escuchado la frase: "Persevera y triunfarás". Pues son las palabras perfectas para poder encontrarle una explicación al título de Goran.
Más de una vez deben haber escuchado la frase: "Persevera y triunfarás". Pues son las palabras perfectas para poder encontrarle una explicación al título de Goran.
Este talentoso tenista se presentaba en las canchas del All England merced a una invitación que recibió por parte de la organización del torneo. Además de su brillante carrera (llegó a ser n°2 en 1994), supo alcanzar la final de Wimbledon en tres oportunidades anteriores, cayendo derrotado en el 92, 94 y 98. Este conjunto de factores facilitaron la obtención de un WC (Wild Card) para poder acceder al cuadro principal.
Lejos de las principales clasificaciones, nadie daba un centavo o mejor dicho, una libra por él.
Lo cierto es que se presentó a jugar el torneo y tras una primera ronda más que complicada (estuvo a punto de perder), logró imponerse e ir avanzando. Tras la primer ronda Goran dijo: "Tenía miedo de perder rápidamente y defraudar a la organización que me había concedido la invitación especial".
A medida que iba avanzando parecía una película de Hollywood, los principales rankeados de ese momento iban cayendo a manos del croata. A su vez, habían pasado más de 3 años desde que el croata no alcanzaba a disputar una final (clara muestra de su bajo nivel).
Sin embargo, Goran se fue ganando el cariño del público local (inclusive lo apoyaron en la semi final ante el inglés Tim Henman) y todos queríamos que "la película" tuviera un final feliz.
Pero en la final lo esperaba ni más ni menos que el australiano y n°3, Patrick Rafter (finalista el año anterior).
Como no podía ser de otra manera, la final fue apasionante hasta el último punto, el match estuvo para cualquiera de los dos, pero Goran se terminaría imponiendo 6-3, 3-6, 6-3, 2-6 y 9-7.
Con esta victoria Ivanisevic le demostró al mundo que no hay que bajar nunca los brazos. Cuándo menos lo pensaba, se le presentó esta oportunidad y no la dejó escapar. No había dinero en el mundo que pudiese comprar ese momento de alegría del croata.
Por esas casualidades de la vida, dos años despúes comenzaría el reinado de un tal Roger Federer...
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